domingo, 13 de febrero de 2011

Cómo mejorar tu relación con tu pareja

Cuando dos personas deciden empezar una relación, pasan por un periodo de enamoramiento en donde prevalecen expectativas fantásticas e idealizadas de la futura convivencia. Los enamorados viven como en burbuja de ensoñación, todo es hermoso, perfecto y maravilloso.

Mejora tu relación de pareja
Una vez que pasa el tiempo y deciden iniciar una vida en común, el enamoramiento decrece y la burbuja en la cual estaban absorbidos se rompe. Desaparece la fantasía de la media naranja una vez que descubren que convivir no es tarea fácil.

Vivir bajo un mismo techo no se logra por arte de magia, ni de la noche a la mañana. La forma de ser de ambos miembros de la pareja en algunas ocasiones choca y crea cortocircuito, ya que cada uno lleva a la relación una pequeña maleta imaginaria cargada de experiencias, ideas, creencias, mitos y prejuicios acerca de lo que son las relaciones, los roles, los afectos, la comunicación, la familia, la felicidad, etc. que al ser diferentes formas de ver la vida causan discrepancias, generando pequeños o grandes conflictos que pueden durar unos días, meses, algunos años o incluso durante toda la vida.
Si están empezando a convivir reflexionen sobre la importancia de construir pilares sólidos que equilibren la relación. A continuación seis pilares fundamentales a tomar en cuenta:

Primer Pilar: motivación

Actitud positiva frente a la relación.

Segundo Pilar: afecto y sexualidad

Dar y recibir cariño. Cultivar la vida sexual

Tercer Pilar: comunicación

Diálogo constructivo y búsqueda de soluciones.

Cuarto Pilar: respeto y confianza

Cuidar los espacios y los límites de la pareja.

Quinto Pilar: flexibilidad

Ser comprensivos y ponerse en el lugar de la otra persona.

Sexto pilar: cooperación

Compartir las tareas del hogar, complicidad en los buenos y malos momentos.

El antes y el después

Antes de…

Los primeros indicios de futuros conflictos se dan antes de vivir juntos. Suceden durante el noviazgo, aparecen ciertas actitudes que nos preocupan en menor grado porque estamos viviendo un sueño idílico de pasión e idealización del compañero/a sentimental. Es como si lleváramos una máscara de carnaval preciosa en la cual ambos quedan deslumbrados, sin darse cuenta de la persona que va detrás de ella.
La frecuencia con que se relacionen, permitirá conocer algunas actitudes, hábitos y defectos que les hará pensar si la persona que tienen a su lado es con quien quieren compartir o no la vida. Ante este dilema existen algunos aspectos que sugiero tomen en cuenta antes de dar el paso definitivo:
- Creencias. Ser conscientes que cada uno trae una idea de la convivencia que puede ser la misma o diferente. Valorar si las diferencias las pueden tolerar o no.
- Individualidad. Respetar el espacio personal, la autoestima y las cualidades que cada uno tiene como ser humano.
- Compatibilidad de caracteres . Valorar si el carácter de cada uno facilita o dificultad la comunicación y la expresión de afectos.
- Expresión de afectos. Tomar en cuenta la reciprocidad de los afectos positivos a través de las palabras y el lenguaje del cuerpo.
- Comunicación. Evaluar la fluidez de la comunicación, la capacidad para escucharse mutuamente, ponerse en lugar del otro y solucionar conflictos mediante el diálogo asertivo y no agresivo.
- Pasatiempos. Tener en cuenta la posibilidad de compartir tiempo para el ocio con actividades en la cual ambos sientan bienestar y placer.

¿Qué pasa después?

Han decidido dar el paso y están viviendo juntos. Despiertan de un dulce sueño debido a que ese problemita que veían tan lejano y que creían iba a mejorar al estar juntos no mejora y termina convirtiéndose en un conflicto más serio. Pensar que lo vas hacer cambiar o que con el tiempo modificará sus hábitos es autoengañarnos y vivir en una fantasía que no es real. Por ejemplo: Antes de vivir juntos era celoso, pero a ti no te importaba y te decías “ya lo cambiaré”, ahora que conviven, los celos han ido creciendo, no has conseguido que cambie y te sientes fatal.
Los conflictos pueden tener diversos grados de complejidad. Unos se pueden resolver con mayor facilidad cuando la pareja está dispuesta a solucionarlos a través de diálogo constructivo y la negociación. Otros conflictos son mucho más complejos, ya que están enraizados en el tiempo y necesitan de más atención, comprensión, de modificación de actitud de parte de ambos e incluso de ayuda psicológica.

Tres caminos

1. Seguir en más de lo mismo. Continuar con los mismos patrones relacionales que les hacen sufrir y bajar la autoestima. Algunas parejas terminan acostumbrándose a las descalificaciones, pobreza de afectos y a la lucha de poder durante toda la vida.
2. Intentar solucionar los conflictos. A través del diálogo, la reconciliación, la negociación y la cicatrización de las heridas emocionales. Los conflictos tienen solución siempre que ambos estén dispuestos a buscar salidas positivas a los problemas.
3. La separación. Ser consciente que la relación y la convivencia no pueden continuar debido a diferencias irreconciliables. En estos casos es frecuente solicitar la ayuda de un profesional especialista en psicología, terapia de pareja y un abogado.

Factores que facilitan los conflictos

Aunque pensemos que los conflictos nacen inesperadamente y no tienen una explicación clara, sí que existen ciertos factores personales que facilitan que surjan. Algunos de ellos son:
Mi mundo y el tuyo: Antes de ser pareja, son personas con diferentes mundos interiores, creencias, ideas, gustos, pasatiempos, experiencias y emociones. Al empezar a convivir estos dos mundos se tienen que acoplar. Si por el contrario chocan, es probable que generen pequeños conflictos. Por ejemplo: Reclamos porque uno expresa más afecto que el otro, incapacidad de tomar iniciativas, problemas en el reparto del tiempo libre, etc.
¿Dónde está el cariño?: Dar y recibir afecto es fundamental para los seres humanos desde que nacen hasta que mueren, también lo es en la relación de pareja. No expresar afectos fundamentales como: el cariño, la ternura y la calidez termina por apagar la llama que enciende la relación, si no la cuidamos se apaga. Por ejemplo: Olvidar dar y recibir abrazos, no recordar el beso de buenas noches o evitar decir palabras estimulantes y agradables.
Diálogo negativo: No somos una isla, el ser humano no puede vivir sin la comunicación. El diálogo con descalificativos, agresividad, ironía y ofensa en la pareja fomentan los conflictos y baja la autoestima. No saber escuchar, hablar demasiado o no ponerse en el lugar del otro también son detonantes de tensión en la pareja. Por ejemplo: Llegar a casa y pedir a gritos que se ponga la cena o decirle constantemente a la pareja que no sirve para nada.
Rigidez: El ser humano por naturaleza es flexible y se adapta a los cambios. La pareja también necesita ser flexible en la convivencia y en los cambios que den con el tiempo. Si la pareja tiende a la rigidez e inflexibilidad de ideas y hábitos puede llegar a asfixiarse, porque cae en la monotonía, el aburrimiento, la rutina hasta llegar al hastío.
Exceso de control: El respeto entre los miembros de la pareja es fundamental. Estar constantemente manipulando y usurpando el espacio personal del compañero o compañera sentimental desencadena conflictos serios, ya que la pareja puede sentirse coaccionada y controlada dentro de su espacio vital. Por ejemplo: apropiarse del móvil del compañero o llamarle cada dos minutos, revisarle la agenda, controlarle las salidas, prohibirle que salga con las amistades, etc.
No hay cooperación: Repartir tareas, ayudar, colaborar, ser solidarios uno con el otro es uno de los pilares de la convivencia. Cuando en la relación no hay cooperación por parte de uno o ambos miembros de la pareja la convivencia se convierte en un campo de batalla de reproches, insultos y frustración causados en muchas ocasiones por las convicciones tradicionales a las que están acostumbrados. Por ejemplo: No contribuir en las tareas del hogar, pasar de hacer la compra, olvidar con frecuencia preparar la cena , etc.
Lucha de poder y la envidia: La pareja no debe hacer de la relación una lucha de poder y control. Las guerras internas en cuanto a la economía, el hogar o las relaciones sociales provocan una espiral de rivalidad que termina por acabar con la convivencia. Las consecuencias son: el rencor, la envidia, la frustración, y la búsqueda de la derrota de su propio compañero sentimental.
Los celos: La confianza al igual que el afecto es uno de los principales pilares de la pareja. Un error grave que comenten las parejas es permitir que los celos invadan la relación. La inseguridad, el miedo o la angustia ante lo que puede estar haciendo o pensando la pareja ocasiona ansiedad, depresión, persecuciones, que convierten la relación en un sin vivir y es causante de conflictos serios.

Consecuencias personales y relacionales

Los conflictos traen consigo consecuencias que afectan tanto el espacio personal, como el espacio relacional. Conozcamos cómo nos puede afectar:

Espacio personal

1. Baja autoestima.
2. Inseguridad en uno mismo.
3. Infravaloración personal, social y profesional.
4. Falta de motivación.
5. Pensamientos negativos.
6. Frustración personal.
7. Sentimientos de culpa.
8. Insatisfacción ante la vida.
9. Dificultad para sentir placer.
10. Elevados nivel de ansiedad y estrés.
11. Enfermedades físicas: problemas cardíacos, diabetes, cáncer, etc.
12. Depresión.

Espacio relacional

1. Baja autoestima en ambos miembros de la pareja.
2. El ambiente relacional se vuelve insoportable.
3. Suben los niveles de estrés.
4. Se evitan mutuamente. Pasan más tiempo fuera de casa.
5. Buscan aliados para continuar con la guerra: hijos, familiares y amigos.
6. Dificultades sexuales: Falta de deseo, dificultad en la erección, anorgasmia o vaginismo.
7. Desmotivación e insatisfacción personal.
8. Aparición de problemas físicos y emocionales.
9. Posible aparición de relaciones extramaritales.
10. Separación física del compañero sentimental.
11. Ruptura definitiva.

Ideas para encontrar soluciones

A continuación encontrarás algunas expresiones que contaminan nuestro espacio relacional y algunas ideas para desprendernos de ellas.
Expresión: 1. ¡Siempre estamos hablando a gritos!
Ideas
Si ves que llega el momento de la discusión, intenta buscar un sitio de la casa para respirar profundamente y contar hasta diez. Una vez que estés preparada/o intenta hablar pausadamente, evita descalificaciones ofensivas, ya que empeoran la situación. Es básico que ambos hagan propósitos para mejorar la calidad de tiempo, espacio y contenido de la comunicación para lograr centrarse en la solución del conflicto. Los gritos no conducen a nada positivo, sólo a la violencia.
Expresión: 2. ¡Ya ni me abraza y menos decirme palabras cariñosas!
Ideas
Ha pasado el tiempo, llevan algunos años de convivencia y se dan cuenta que escasean los abrazos mañaneros, los besos nocturnos y las palabras que les hacían felices. Intenten recuperar aquellas expresiones de cariño y amor que tanto gustan. Un abrazo diario da calorcito, un beso hace sentir bien y una palabra afectuosa alegra el día. Es importante dar y recibir, pero también aprender a pedir.
Expresión: 3. ¡Siempre tiene dolor de cabeza! o ¡Se ha quedado dormido!
Ideas
Expresiones como estas son típicas en la pareja. Ante esta situación es necesario buscar espacios de descanso antes de la relación sexual. Evitar poner de excusa el dolor de cabeza y los síntomas de cansancio cuando no son verdaderos. Las claves es dialogar sobre el sexo, sincerarse, darse cuenta de lo que está causando la falta de deseo sexual. Es conveniente hacer cambios para intensificar el deseo sexual a través de los juegos sexuales, cambiar de horarios y lugar de las prácticas sexuales, pasar más tiempos juntos en la intimidad, utilizar más intensamente las caricias corporales y palabras eróticas.
Expresión: 4. ¡No me valoro para nada!
Ideas
Con frecuencia nos olvidamos de nosotros mismos, ya que estamos más preocupados por nuestra pareja. ¿Y que pasa contigo, te valoras tu?. Tienes que empezar a cuidar tu espacio personal reconociendo tu valía, cualidades y capacidades. Es un error sobrevalorar al compañero sentimental y no valorarte tu. Dentro de la convivencia hay un espacio compartido con la pareja pero también hay un espacio tuyo que debes amar, valorar, cuidar y respetar.

Hay salida?

Hay salida, siempre que ambos deseen salir del laberinto de conflictos que empaña la relación. En primera instancia, tengan calma, ya que cuando estamos alterados agrandamos el conflicto y lo vemos como imposible se solucionar. Una vez relajados, hagan un análisis de la situación tomando en cuenta la posibilidad de resolver el problema, a través del diálogo. Es necesario intentar conversar en un espacio de sosiego, y tranquilidad donde se exponga concretamente lo que les preocupa o incómoda hasta llegar acuerdos de solución. Para llegar acuerdos es necesario que ambos estén motivados, sean sinceros y pongan los dos de su parte.

¿Cuándo buscar ayuda?

Si después de muchas horas, días y meses de intentos de solución no llegan a ningún acuerdo o se incumplen. La pareja puede sentirse frustrada, impotente o herida. Ante está situación deben plantearse la posibilidad de ir a terapia.
La terapia. Es un espacio terapéutico de comunicación donde tienen la oportunidad de expresar sentimientos y pensamientos acerca de los problemas personales y relacionales. El terapeuta es un orientador, asesor y guía que ofrece un abanico de recursos psicológicos para ayudar a retomar el camino de la reconciliación con uno mismo, el reencuentro con la pareja y el entorno social. La terapia también sirve de apoyo para aquellas parejas que solicitan ayuda para una separación física y emocional menos traumática.

¿Cuándo ir a terapia individual?

Es recomendable cuando por diversas circunstancias de la vida, uno de los miembros de la pareja siente que tiene que superar situaciones personales que están causando dificultades en su relación. A través de la terapia individual nos damos cuenta del dolor emocional que hay dentro que necesitamos liberar para vivir con mayor tranquilidad y bienestar.
Saludos!

0 comentarios:

Publicar un comentario